Europa es uno de los mercados principales para los coches eléctricos. Aunque sigue por detrás de China, destaca por la alta proporción en relación con la cantidad total de coches vendidos, sobre todo en los países nórdicos.
No obstante, su producción está estrechamente ligada a la tala de árboles. De ellos se extraen algunos de los principales metales que se utilizan para la fabricación de las baterías de estos coches, algo que preocupa a la comunidad internacional si no se toman medidas.
Un reciente estudio elaborado de manera conjunta entre la ONG Fern y Rainforest Foundation Norway estima que, de mantenerse la tendencia actual de venta de coches eléctricos, la producción de estas baterías tendrá un coste de 118.000 hectáreas de bosques hasta 2050, o lo que es lo mismo, 118.000 campos de fútbol.
El informe se presenta este miércoles durante el Foro sobre cadena de suministro responsable de minerales, organizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), para alertar sobre el impacto que tendrá la producción de esta tecnología si no se aplican medidas. “Se necesita un transporte más sostenible, pero no puede producirse a expensas de los bosques del mundo y de las personas que viven en ellos”, afirma Perrine Fournier, activista forestal y minera de Fern, durante una conferencia de prensa para explicar los resultados.

Existen escenarios más favorables
Según los datos de la Agencia Internacional de Energía, los coches eléctricos necesitan seis veces más cantidad de minerales críticos -materiales naturales requeridos por las tecnologías modernas-, que los coches convencionales.
Sin embargo, hay escenarios donde se puede reducir el impacto forestal derivado de la extracción de estos recursos. Por ejemplo, si se consigue que predominen las baterías tipo LFP frente a las NMC 811, las más usadas en Europa y producidas con níquel, cobalto, cobre y manganeso. En este caso, la deforestación sería de 37.300 hectáreas.
Habría incluso un escenario más favorable: producir coches eléctricos con baterías LFP y fomentar el uso del coche compartido y de micro coches, lo que reduciría el área deforestada a 21.300 hectáreas, según el mismo estudio.




