¿Cómo se puede construir un paisaje forestal más resistente al impacto de los incendios? Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba trabaja para dar respuesta a esta pregunta mediante el desarrollo de un nuevo índice que permitirá evaluar y diseñar bosques más resilientes desde el punto de vista ecológico, económico y social. 

Según ha informado la propia universidad, los investigadores están analizando grandes volúmenes de datos sobre incendios forestales, su comportamiento y sus efectos en distintos entornos naturales. El objetivo del estudio no es eliminar los incendios —algo poco realista en ecosistemas mediterráneos—, sino reducir su severidad, limitar los daños y facilitar la recuperación del territorio tras el fuego

“Los incendios seguirán produciéndose”, explica Guillermo Palacios, responsable del proyecto en la Universidad de Córdoba. “Pero podemos diseñar paisajes que los frenen, convivan mejor con ellos y se regeneren más rápidamente”. 

Uno de los aspectos diferenciadores del proyecto es la incorporación de escenarios de cambio climático a largo plazo. La gestión forestal, según Palacios, debe anticiparse al contexto climático previsto para las próximas décadas, ya que los efectos de las decisiones actuales se reflejarán en el futuro de los ecosistemas. 

La herramienta que desarrolla el equipo permite analizar cómo se han comportado los incendios en distintos tipos de paisaje a lo largo del tiempo. Para ello, utilizan modelos de aprendizaje automático que procesan datos geográficos, ecológicos, sociales y económicos, con el objetivo de detectar patrones que indiquen el grado de resiliencia de un determinado entorno forestal. 

El diseño del índice implica un enfoque multidisciplinar. “No hay una única definición de paisaje resiliente”, señala Palacios. “Para un técnico forestal es aquel que se regenera rápido tras un incendio; para una comunidad local, el que permite mantener su actividad económica; y para una administración, puede ser el que conserva su valor ambiental o turístico. El índice debe recoger todas estas perspectivas”. 

Además de variables ecológicas —como la estructura del bosque, la fragmentación del paisaje o las condiciones climáticas—, el análisis incluye factores sociales y económicos: accesos, caminos, proximidad de núcleos de población, usos del suelo y recursos disponibles para la extinción de incendios

El propósito final de la herramienta es traducir toda esta información en recomendaciones concretas para el diseño y gestión del territorio. Entre ellas, se plantean medidas como la creación de zonas con vegetación de distinta combustibilidad o la introducción de especies que favorezcan una regeneración eficiente tras un incendio. 

Aunque es difícil cuantificar el ahorro económico que puede suponer el uso de esta herramienta, sus beneficios van más allá de la conservación forestal. Los incendios afectan también al agua, las emisiones de carbono, el paisaje, el turismo, la recolección de productos forestales y, en última instancia, a la seguridad de las personas. 

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