Desde los juegos de infancia entre encinas centenarias en un pequeño pueblo de Madrid hasta convertirse en Conservador de Colecciones de Plantas Vivas del Real Jardín Botánico-CSIC, la trayectoria de Álex Gómez está marcada por su pasión por los árboles y la naturaleza. En esta entrevista, nos adentramos en su recorrido profesional, en los retos de conservar un jardín histórico y en las claves para entender cómo la formación, la innovación y la conciencia ambiental impactar en los grandes espacios verdes.
P. ¿Cómo empezó todo? ¿Cuál fue la semilla que hizo que te decantases por la jardinería?
R. Desde pequeño me ha gustado la naturaleza. Mis padres compraron un campito cuando yo tenía tres años en El Vellón, un pueblo de Madrid, y la valla daba justo a la dehesa. Son más de 100 metros con encinas centenarias y yo siempre me estaba subiendo a los árboles.
Empecé a estudiar Ingeniería Naval porque mi padre se dedicaba a la náutica. En el primer trimestre estudié mucho y solo me saqué algunas prácticas. Ahí ya tuve claro que no quería dedicarme a la náutica, sino a la naturaleza. Empecé Ingeniería Técnica Forestal y en cuatro años terminé la carrera mientras trabajaba.
Empecé como técnico de control de plagas de zonas verdes en una empresa en la que llevábamos 98 municipios de la Comunidad de Madrid o ciudades como Ávila, Segovia… No era un trabajo que me encantase, así que fui al Museo de Bonsáis de Alcobendas porque mi mujer me había regalado un bonsái y empecé a trabajar con su director, Luis Vallejo, que tiene un estudio de paisajismo y una empresa de jardinería. Ahí estuve hasta 2013; 13 años trabajando con él como Jefe de Mantenimiento y Jefe de Obra, con proyectos muy importantes como la Dirección Facultativa de la Ciudad Financiera del Banco Santander Central Hispano, el trasplante de los olivos de Calabria, de olivos milenarios… Siempre me he especializado en enarbolado singular.
Después de 13 años, vi que había una oposición de Conservador de Colecciones de Plantas Vivas del CSIC, me puse a estudiar y conseguí la plaza. Desde 2018, soy conservador de colecciones de plantas vivas del Real Jardín Botánico-CSIC.
P. ¿Cómo de importante ha sido la formación en tu trayectoria? ¿Sigues formándote en la actualidad?
R. Como en todas las disciplinas, la formación es fundamental. Desde el año 2000 soy Ingeniero Técnico Forestal y como el Real Jardín Botánico-CSIC imparte uno de los módulos del Máster de Jardines Históricos y Servicios Ecosistémicos de Infraestructura Verde de la Universidad Politécnica, hice el Máster en Jardines Históricos en 2021. Desde 2017 soy socio de la Asociación Española de Arboricultura y hago los cursos más interesantes o formativos como los de Francis Hallé o Christophe Drénou, expertos en estas disciplinas. Creo que es algo fundamental porque las técnicas y las tecnologías van cambiando e innovando, y es muy importante estar siempre actualizando la formación.
P. ¿Cómo es el Real Jardín Botánico-CSIC y cuáles son sus peculiaridades?
R. Es un jardín de ocho hectáreas en el cual tenemos más de 5000 especies diferentes. Para mí es como un oasis en el centro de Madrid, con gran cantidad de formación, eventos y es como un corredor ecológico, entre el Parque del Retiro y el Parque de Río Manzanares. Los patos, las garzas o los albatros vienen desde hace años a criar aquí, por lo que tenemos fauna que viene desde el río y que llevan años criando y anidando aquí.
P. ¿Cuál es el principal desafío a la hora de gestionar el arbolado del Real Jardín Botánico-CSIC frente a otros grandes jardines?
R. En primer lugar, lo que hay que tener en cuenta es que como es un espacio que visitan alrededor de 475.000 personas al año, tiene que ser un espacio seguro. Esa es nuestra primera prioridad. Luego tenemos ciertas dificultades también por el plan de gestión porque es patrimonio de la UNESCO, por lo que tenemos que mantener lo máximo posible las formas naturales de los árboles. Además, creo que la belleza de un jardín es fundamental y ese es también un reto personal. La gente no mira los árboles feos, mira los árboles bellos. Entonces, primero seguridad, luego gestión integrada y, por último, la belleza del arbolado. Esos son los pilares fundamentales.
P. Acabamos de cambiar de estación hace pocos días. ¿Cómo os habéis preparado en el Real Jardín Botánico-CSIC para la entrada del otoño? ¿Qué especies requieren más atención?
R. Para mí el otoño es la época más bonita. Con los cambios de color en cuanto empieza el frío, el arbolado es espectacular, con gamas de naranja, rosa, rojos, ocres… Lo primero que hacemos es mantener la hoja siempre en el árbol hasta que se cae. Como es un jardín que tiene 270 años, uno de nuestros principales problemas es la armillaria mellea que se alimenta de materia orgánica. En un bosque con su propio equilibrio no afecta a las especies arbóreas, pero en el jardín, como tenemos poca cantidad de materia orgánica por el uso de la compactación y la escorrentía que tiene el jardín desde hace tantos años, nuestra prioridad es la mejora del suelo. Llevamos varios años incorporando la hoja pequeña. Toda la hoja del jardín se incorpora en los parterres. Las hojas grandes de árboles como por ejemplo el plátano o el castaño de indias tardan muchísimo en descomponerse y en invierno tienen algunas plagas que se mantienen en la hoja vieja, como por ejemplo la Antracnosis o la Candelaria. Por eso, la hoja grande la metemos en bolsas y, como los restos vegetales, eso va a la planta de Migas Calientes para el compostaje. Además, llevamos tres años haciendo paseos con hojas para que la gente tenga la experiencia sensorial de pasear por un bosque con hojas, con el sonido, el crujido… Dejamos varias zonas de paseos principales con la hoja dentro hasta que empieza a descomponerse y luego la incorporamos a los parterres.
P. ¿Cuáles son las plagas que amenazan al arbolado del jardín? ¿Hay alguna que os preocupe más?
R. Las principales plagas que tenemos son la araña roja en los tilos, en los tejos, la Candelaria, y una de las principales y la que más inquietud nos genera es la Paysandia archon, una plaga que afecta a las palmeras y que se introdujo en Madrid vía Retiro por unas palmeras que trajeron contaminadas con Paysandisia. Desde el año 2018 ha matado unas 70 Trachycarpus y nuestra inquietud se genera a raíz de que, si dejan de tener alimento de Trachycarpus, esta plaga podría extenderse a otro tipo de palmeras que en su hábitat natural conviven con ellas, pero no les afecta. Nuestra línea de trabajo es proteger, sobre todo, las palmeras singulares que tenemos en el jardín, que son dos palmeras canarias, dos Phoenix canadiensis, una butia que hay justo al frente del pabellón Villanueva y un grupo de Trachycarpus que son singulares porque es un grupo muy naturalizado. A finales de la primavera, cuando ya empieza a volar el adulto de Paysandisia para hacer la puesta, protegemos estas palmeras con una malla de red, con agujeros bastante pequeños para evitar que el adulto de Paysandisia se acerque y haga la puesta. Cuando llega el frío, cuando ya no hay vuelos, retiramos las mallas.
Donde sí que tenemos un gran problema, que no es el arbolado, es en el Seto de Boj, con la Cydalima perspectalis, la polilla del Boj. Aquí tenemos 12 kilómetros de Seto de Boj, que es además el marco de la terraza de los cuadros y de la terraza de las escuelas botánicas. Desde 2018, llevamos la gestión integrada de plagas, intentando disminuir al máximo posible los daños que hace la Cydalima. En Cataluña y en Baleares está haciendo estragos hasta el punto de que las administraciones están realizando tratamientos a gran escala. Este año hemos tenido un ataque sorpresa porque siempre atacaban de fuera a dentro y este año hemos tenido un ataque diferente de dentro a fuera. La Cydalima primero defolia el seto y luego, cuando ya no tienen hojas, se come la corteza. En cuanto anilla la planta, esta se muere.
“Nuestra colección de bonsáis está considerada entre las cinco mejores colecciones públicas del mundo”
P. ¿Existen protocolos específicos para especies centenarias o de especial valor patrimonial?
R. Dentro del jardín hay ocho árboles singulares de la Comunidad de Madrid y tenemos la colección de arbolado del Real Jardín Botánico-CSIC. Todo tiene un protocolo de conservación de arbolado. Tenemos una escuela de formación que imparte una modalidad de poda en altura. Todos los años tenemos diez estudiantes y dos profesores, y luego tenemos un equipo de poda en altura que viene tres días a la semana, que son los que realizan todos los trabajos de arbolado y vamos a estar casi un mes retirando todas las ramas secas que están en el árbol cortando a tocón de 30 centímetros más o menos antes de que se caigan las hojas para que lo puedan ver los podadores. Si el corte se puede hacer irregular, incluso con rotura, esto mantiene ciertos tocones para que siga habiendo biodiversidad.
P. ¿Qué métodos de control de plagas utilizáis en el Real Jardín Botánico-CSIC? ¿La tecnología es parte de esta estrategia?
R. En los parques y jardines públicos, se lleva años prohibiendo tratamientos con productos de síntesis; tratamientos químicos. Nuestra gestión es una gestión integrada de control biológico. El control biológico integra muchas disciplinas, Por ejemplo, con el Seto de Boj estamos haciendo actuaciones diferentes en función de lo que nos vaya permitiendo el Ministerio de Agricultura. También tenemos un asesor que viene cada dos meses, nos suministra los productos y él es el que dice qué productos podemos utilizar y qué productos no. Por ejemplo, este año para la Cydalima hemos utilizado un fortificante que actúa como insecticida en fase larvaria en estadios uno y dos de la Cydalima, por lo que no es un producto fitosanitario. También hemos hecho trampeo con feromonas, y desde el año pasado incorporamos las tricogramas, que es un parásito para combatir la fase de huevo y, este año, hemos empezado con los nematodos, que funcionan como un insecticida sistémico.
Al ser un espacio que se abre todos los días, tenemos que estar pendientes de balizar las zonas que tratamos. Es complejo porque la legislación es muy estricta y en ataques muy agresivos o virulentos, debería existir un protocolo para tratamientos excepcionales que nos ayudaran a los gestores a poder combatir de forma más eficaz. Es cierto que los animales también aprenden. Por ejemplo, los pájaros como los carboneros se comen algunas orugas. Incluso hay grupos de gorriones que ya han aprendidoque la Cydalima es un es alimento. Este año también hemos descubierto que a las avispas les encantan las orugas. Por lo tanto, también entiendo que, si utilizamos productos químicos, no permitimos que haya un equilibrio natural o ecológico.
P. De todas las especies que podemos ver en el Real Jardín Botánico-CSIC, ¿cuál es tu favorita y por qué?
R. Hay tres, que además son árboles singulares de la Comunidad de Madrid. El primero es un Cedro del Himalaya que tenemos en la escuela uno. Es un pedazo cedro con porte natural; el típico árbol que le gusta a los abraza árboles. Todo el mundo quiere abrazar este árbol. También tenemos un Zelkova carpinifolia que me encanta porque tiene un porte natural, con estilo escoba, con todas las ramas saliendo de un mismo punto, y es el árbol más alto del Real Jardín Botánico-CSIC con 55 metros de altura. Otro árbol que me encanta también es la Parrotia persica, por su corteza y por la gama de rojos color sangre que adquiere en otoño. Es preciosa.
P. También eres especialista en el cuidado de bonsáis. ¿Qué tienen de especial?
R. La colección de bonsáis del Real Jardín Botánico-CSIC se origina por la donación del expresidente Felipe González. Él fue un presidente que tenía inquietudes, que le gustaban los bonsáis y que montó una colección espectacular en el Palacio de la Moncloa. Cuando dejó de ser presidente, tuvo la gentileza de donar la colección al Real Jardín Botánico-CSIC. Actualmente tenemos una colección de 110 ejemplares, con gran cantidad de especies autóctonas. En el año 2010, Obra Social Caja Madrid donó dinero y se compraron 17 árboles de los principales maestros japoneses. Es la colección pública más importante de España y está considerada entre las cinco mejores colecciones públicas del mundo. Desde 2018 hemos recibido nueve premios nacionales e internacionales a diferentes árboles del jardín.
P. ¿Hay alguna técnica o práctica aplicada a los bonsáis que se pueda replicar en el cuidado del arbolado urbano y ornamental a gran escala?
R. Como trabajo final de Máster, hice un plan de gestión de la colección de bonsáis del Jardín Botánico CSIC y ahí explicaba que el cuidado de los bonsáis consiste en mantener las formas naturales de los árboles, pero a escala, miniaturizados. Son árboles que relativamente se pueden manejar a mano. Los árboles de la calle que están en alcorques al final son como bonsáis porque tienen un espacio muy reducido para las raíces, los anclajes, las sustentaciones… Nosotros en los bonsáis utilizamos alambres para dar forma, colocar las ramas, por lo que son un campo de prácticas para el arbolado muy interesante.
P. Para terminar, ¿cómo ha evolucionado la gestión y la integración de los grandes jardines en las ciudades españolas desde que empezaste? ¿Cuáles son los retos del futuro?
R. Lo que he visto es una gran evolución, sobre todo porque empieza a haber una conciencia ciudadana. Debido al cambio climático, tenemos como objetivos resolver ciertos problemas para mitigar el cambio climático en las ciudades para reducir la isla de calor. Para ello, debemos tener en cuenta los servicios ecosistémicos que nos genera la infraestructura verde.
Los retos que considero son que hay que aumentar la conciencia ciudadana, que la gestión tiene que ser más integral, tiene que haber prácticas de mejora en labores culturales, tenemos que empezar a incorporar las hojas para para mejorar los suelos, tenemos que reducir las podas drásticas, aprender a manejar las técnicas de control biológico, aumentar la biodiversidad, aumentar la cantidad y el número de especies, reducir especies alérgenas… Hay gran cantidad de retos de cara al futuro para intentar cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que tenemos que continuar trabajando a tope.

