El verano de 2025 es ya uno de los más devastadores en cuanto a incendios forestales en España, con casi 400.000 hectáreas arrasadas, según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios (EEFIS). Esta cifra se convierte en la más alta desde 2006, destacando la magnitud del desastre y los incendios de Chandrexa de Queixa (Ourense) y Uña de Quintana (Zamora) como dos fuegos que han marcado un hito histórico en el país por la magnitud de la destrucción que ha dejado a su paso. Y el verano aún no ha terminado. 

El impacto de estos incendios va más allá de la pérdida de bosques, hogares y tierras agrícolas, afectando profundamente a la biodiversidad autóctona del país. Las llamas están arrasando con áreas naturales que albergan una enorme diversidad de especies animales y vegetales, poniendo en riesgo el valioso patrimonio ecológico del país. 

Un daño devastador a la flora y fauna españoles

Los incendios han golpeado especialmente a zonas protegidas por su valor ecológico, como las Médulas en la comarca del Bierzo, el Parque Nacional de los Picos de Europa, las Fuentes del Narcea y Somiedo en Asturias y el Parque Natural do Invernadeiro en Galicia. Estos espacios forman parte de la Red Natura 2000, una red ecológica europea que protege áreas vitales para la conservación de la biodiversidad, y que son esenciales para especies en peligro de extinción como el oso pardo y el urogallo. 

Entre las especies más afectadas se encuentra el oso pardo, cuya supervivencia depende en gran medida de los hábitats forestales que están siendo destruidos. Aunque es poco probable que los osos mueran directamente a causa del fuego, la pérdida de áreas en las que se mueven y alimentan representa un golpe severo para su población. Por otro lado, el urogallo ve amenazada su existencia por la destrucción de su hábitat, especialmente en zonas de Asturias y León.  

Pero el daño no solo afecta a las especies más visibles. Expertos como Roberto Hartasánchez, del Fondo para la Protección de Animales Salvajes, advierte sobre la pérdida masiva de microorganismos en el suelo, fundamentales para la descomposición de materia orgánica y la regeneración del terreno. Este daño también afectará a especies que suelen estar en la superficie, como las hormigas, cuyo papel es muy importante en el equilibrio ecológico. Una pérdida que tardará años en recuperarse. 

El impacto de los incendios también se extiende a los bosques autóctonos de las zonas afectadas, que desempeñan un papel fundamental en la biodiversidad y en la protección de los territorios frente a incendios. Aunque algunas especies son resistentes, la magnitud de los incendios ha demostrado que estos ecosistemas, que en muchas ocasiones actúan como cortafuegos naturales, también son vulnerables ante fuegos de gran intensidad. En zonas como el Parque de Fuentes del Narcea, los daños podrían ser irreparables si el fuego sigue avanzando.

Algunas de las especies más afectadas en estas grandes áreas de bosques son los pinos, las encinas y los alcornoques, árboles característicos de la flora ibérica. Los pinos, con su alta resina, son especialmente propensos a propagar el fuego, mientras que las encinas y los alcornoques son más resistentes. Además, especies como el abeto, el roble y el tejo, que forman parte de los bosques más antiguos y biodiversos, están siendo gravemente perjudicadas.  

Este escenario ha puesto en evidencia la urgente necesidad de revisar las políticas de manejo forestal en España. Desde la ONG SEO/BirdLife, se pide una estrategia de prevención más efectiva, que no solo se enfoque en la extinción de incendios, sino que también contemple la restauración de los ecosistemas dañados. Estos espacios no son solo parques, sino auténticos “tesoros” de la biodiversidad, Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Reservas de la Biosfera. 

El futuro de la flora y fauna española depende ahora de cómo se gestione la recuperación de estos ecosistemas y de la rapidez con la que se implementen medidas para mitigar los efectos de este desastre. La protección de estos hábitats no solo es esencial para la biodiversidad local, sino también para la conservación del patrimonio natural del país. 

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