España está siendo asolada por los graves incendios forestales. La mala planificación y gestión de miles hectáreas ha provocado que este año se haya visto una destrucción de la masa forestal como nunca se recuerda.
Sin embargo, en la extensa comarca de Pinares, entre Burgos y Soria, se conserva un modelo de aprovechamiento forestal que ha resistido el paso de los siglos y que hoy se revela como una herramienta eficaz contra los incendios. Se trata de la Suerte de Pinos, una fórmula comunal que distribuye entre los habitantes los recursos generados por el monte.
Su origen se remonta a la Edad Media y se sustenta en antiguas cartas pueblas que regulan el acceso y disfrute de los pinares por parte de los vecinos de la zona.
Este sistema, que abarca alrededor de 100.000 hectáreas y unos cuarenta municipios, ha garantizado durante generaciones un reparto equitativo de la riqueza forestal. Además, ha propiciado un cuidado constante del monte: limpieza, podas y aprovechamiento de la madera, factores que han contribuido a que, mientras otras zonas de España han sufrido devastadores incendios este verano, los pinares burgaleses y sorianos apenas hayan registrado siniestros de gran magnitud.
El modelo ha sido observado con fascinación desde fuera. Ya en 1933 fue definido como una forma de “comunismo forestal” por su carácter comunitario. Más allá de esa descripción pintoresca, su eficacia actual reside en la prevención: el bosque, bien gestionado, se convierte en una barrera natural frente al fuego.

Entre la tradición y los retos del presente
Pese a sus virtudes, la Suerte de Pinos afronta desafíos significativos. La despoblación rural, la falta de mano de obra y el envejecimiento de la población dificultan la continuidad de las labores de mantenimiento. La acumulación de material combustible y la elevada densidad de arbolado son riesgos latentes que podrían avivar incendios de grandes proporciones si no se actúa con constancia.
Expertos forestales alertan de la necesidad de actualizar este modelo ancestral y dotarlo de herramientas modernas para afrontar el cambio climático y las nuevas condiciones del territorio. El problema no radica tanto en la extinción, señalan, como en la prevención: más allá de invertir en helicópteros o brigadas de refuerzo, urge apostar por la gestión activa del monte.
La comparación con otros entornos resulta reveladora. En parques urbanos como El Retiro, en Madrid, los recursos destinados por hectárea superan con creces los de una comarca forestal como Pinares, a pesar de que aquí el riesgo de incendio es mucho mayor. Esa desproporción evidencia una carencia de políticas estructurales que refuercen el medio rural.
La Suerte de Pinos es, en definitiva, un ejemplo vivo de gestión comunal que ha permitido mantener a salvo el patrimonio forestal y sostener a sus habitantes durante siglos. Sin embargo, su futuro dependerá de la capacidad de adaptarse a las nuevas realidades ambientales y sociales. Con apoyo institucional y un plan integral de prevención, este legado único podría seguir siendo un escudo eficaz contra los incendios en el siglo XXI.




