El suelo es uno de principales aspectos para que árboles y plantas crezcan de manera saludable. Sobre la superficie hay muchos nutrientes que se encargan de “alimentar” la vegetación que cubre el planeta. Por ello, su cuidado adecuado es de vital importancia para que las masas de boques o de cultivos puedan prosperar con buena salud.
Uno de los principales problemas que afectan al suelo es la lixiviación, o lo que es los mismo, la pérdida de nutrientes vegetales, lo que puede afectar a su fertilidad y la capacidad de sustentar la vida.
¿Qué es la lixiviación del suelo?
La lixiviación es un proceso por el cual el suelo pierde su capacidad de absorción correcta de nutrientes, sales o minerales porque estos son disueltos y arrastrados hacía capas más profundas debido al paso de agua a través de suelo.
Esto sucede, sobre todo, cuando el agua de lluvia o de riego que entra en el suelo supera la capacidad de retención. Ésta se infiltra en el suelo y disuelve las sustancias solubles que se encuentran en él, provocando efectos negativos como la pérdida de nutrientes esenciales para las plantas, su fertilidad y su capacidad para desarrollar vida vegetal.
Esta situación termina generando problemas en cultivos, bloqueando su crecimiento y generando desequilibrios fisiológicos por la existencia de un exceso de sales estratificadas alrededor del bulbo húmedo que impactan muy negativamente sobre las propiedades del suelo y sobre la capacidad de absorber agua para el cultivo.
Por otro lado, aunque no tan habitual, la lixiviación también puede ser positiva cuando elimina minerales que pueden ser dañinos o perjudiciales para las plantas.
Factores que influyen en la lixiviación del suelo
Hay diversos factores que favorecen a la lixiviación, como el tipo de suelo, su capacidad para filtrar y distribuir las precipitaciones, las prácticas de riego y la cantidad de fertilizantes que se utilizan.
Tipos de suelo
Los suelos arenosos tienen una mayor porosidad y partículas más grandes, lo que provoca que el agua se filtre rápidamente. Su capacidad de retención es baja y esto significa que el agua se mueve rápidamente hacia capas más profundas, llevando consigo nutrientes y minerales. De ese modo, este tipo de suelo favorece que la lixiviación aparezca rápidamente.
Cantidad y distribución de las precipitaciones
En un ambiente donde las precipitaciones son abundantes, la cantidad que agua que se infiltra en el suelo es mayor, aumentando las probabilidades de lixiviación de nutrientes. Por eso, en zonas donde las precipitaciones son más constantes o prolongadas, el riesgo de lixiviación de sustancias solubles es más alto.
En cuanto a la distribución de las precipitaciones, si éstas son irregulares o no tan frecuentes, pueden provocar lixiviación rápida en suelos que no tienen una buena capacidad de retención del agua. Cuando las lluvias están dispersas a lo largo del tiempo, la absorción es más lenta y se reduce el riesgo de lixiviación.
Prácticas de riego
Regar el exceso es perjudicial para el suelo, especialmente en los que hay una baja capacidad de retención. Además, si el riego no se realiza de manera uniforme, habrá zonas de riego con más agua y, como consecuencia, mayor probabilidad de lixiviación.
Tipo y cantidad de fertilizantes y productos empleados
Utilizar fertilizantes solubles con base de nitrógeno, fósforo y potasio puede favorecer a la aparición de la lixiviación. Los suelos que tienen baja capacidad de retención, los fertilizantes pueden disolverse rápidamente y ser arrastrados hacia capas más profundas.

Prevenir la lixiviación del suelo
Existen medidas de prevención contra la lixiviación o, al menos, para minimizar su posibilidad de aparición. No se puede controlar la cantidad de precipitaciones en un área concreta, pero sí que se puede actuar a través de otros métodos y estrategias.
Riego controlado
Es importante utilizar sistemas de riego eficientes, como el riego por goteo o el de aspersión controlado. Además, se debe evitar el riego en exceso para no perder nutrientes y minerales.
Mejorar la estructura del suelo
Una buena estructura del suelo permite que el agua se infiltre lentamente y de manera controlada, evitando el arrastre de nutrientes hacia las capas más profundas. Es importante utilizar estiércol o abono verde para mejorar la estructura para así aumentar la capacidad de retención de agua y nutrientes.
Otra estrategia es la de utilizar cultivos de cobertura. Estos protegen la superficie del suelo de la acción directa del agua de lluvia, reduciendo la lixiviación.
Control de la acidez del suelo
El pH del suelo influye en la solubilidad de los nutrientes. Los suelos demasiado ácidos o alcalinos pueden facilitar la lixiviación de ciertos nutrientes. Para prevenir este problema se puede ajustar el pH del suelo y además realizar un monitoreo constante para asegurarse de que el pH se mantenga dentro del rango óptimo para las plantas.
Uso de fertilizantes de liberación controlada
Otra manera de prevenir la lixiviación del suelo es utilizar fertilizantes de liberación controlada, aquellos que liberan nutrientes de manera gradual y que permiten que las plantas los absorban de un modo más eficiente. Además, es conveniente evitar la aplicación excesiva de fertilizantes para minimizar la cantidad de nutrientes que se lixivian.
Conservación y protección de los suelos
La erosión del suelo puede ser un factor importante en la lixiviación, ya que facilita el arrastre de partículas de suelo y nutrientes hacia capas más profundas. Algunas medidas para combatir la erosión pasan por implementar terrazas o barreras vegetales, como setos o muros de contención, ya que estos ayudan a reducir el escurrimiento de agua y protegen las superficies del suelo de la erosión.
Por otro lado, plantar cultivos de contorno, limitando así la velocidad a la que se filtra el agua, evitando que los nutrientes sean arrastrados.
Reforestación y agroforestería
Plantar árboles y practicar la agroforestería también puede ser una buena manera de reducir la lixiviación. Los árboles tienen sistemas de raíces profundos que ayudan a mejorar la estructura del suelo, reducen la escorrentía de agua y ayudan a mantener los nutrientes en la superficie.
Siguiendo estas medidas de manera combinada, el suelo estará mucho más sano. La implementación de estas estrategias de manera coherente y sostenible minimizarán la probabilidad de sufrir lixiviación en el suelo y se preservará su salud para favorecer a una agricultura más productiva y respetuosa con el medio ambiente.




