La tala de árboles, al contrario de lo que se puede creer, es una práctica beneficiosa para el medio ambiente, siempre y cuando se realice de manera controlada y respetando el ordenamiento jurídico vigente.  

La tala controlada puede ayudar a la regeneración de los bosques, como parte de las acciones de gestión forestal llevadas a cabo por las Administraciones Públicas. Pero, ¿cuándo es realmente imprescindible realizar talas en bosques o zonas urbanas?  

Es esencial comprender las diferencias entre una tala controlada y una indiscriminada, ya que la deforestación fue señalada por la Organización de las Naciones Unidas como una de las principales amenazas para los ecosistemas de la Tierra.  

¿Cuáles son los perjuicios de la tala indiscriminada de árboles para el medio ambiente? 

La tala indiscriminada de árboles tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente.  

La deforestación agrava el cambio climático, ya que los árboles son fundamentales para absorber dióxido de carbono. Al eliminar grandes extensiones de bosque, se libera el CO2 almacenado, aumentando los gases de efecto invernadero en la atmósfera y, con ello, el calentamiento global. Además, la pérdida de masa forestal provoca la disminución de la biodiversidad, afectando a innumerables especies vegetales y animales que dependen de estos hábitats naturales para no extinguirse.  

La erosión del suelo y la desertificación son otros problemas asociados a la deforestación, ya que los árboles juegan un papel esencial en la estabilización del suelo y la prevención de desprendimientos de tierra. Los terrenos desprovistos de masa arbórea sufren una pérdida de fertilidad debido a la carencia de nutrientes, que deriva en una menor productividad de los suelos. Así, además de un empobrecimiento del paisaje, las comunidades ligadas a la producción agraria como fuente de sustento verán reducida su capacidad económica y, por tanto, su calidad de vida será peor. 

Sin embargo, la tala controlada de árboles viejos en el bosque permite que las especies más jóvenes tengan un mayor espacio para crecer y recibir luz solar, además de acceder a más nutrientes y recursos hídricos del suelo. La masa forestal antigua es propensa a padecer enfermedades, ya que tienen una menor inmunidad ante los agentes patógenos, por lo que hay un mayor riesgo de propagación de infecciones. Si hablamos de zonas urbanas, algunos árboles pueden suponer un riesgo para los viandantes y el entorno en el que se circunscriben, por lo que habría que valorar la posible tala de cada ejemplar de forma particular.  

¿Por qué es necesario llevar a cabo una tala controlada en nuestros bosques?  

Una tala controlada es esencial para la gestión sostenible de los bosques y para paliar los perjuicios de la deforestación en áreas rurales y urbanas. En España, el proyecto Life Soria Forest Adapt es un ejemplo de cómo la tala controlada puede contribuir a la mitigación del cambio climático. 

Así, tomando como referencia este proyecto, podemos destacar los siguientes beneficios de una tala controlada en nuestros bosques, basada en una planificación forestal superior responsable y profesional.  

Bosques más saludables 

La tala de árboles enfermos o muertos ayuda a prevenir la propagación de plagas, mejorando la salud del bosque. Además, la masa forestal joven crece más rápido y absorbe más dióxido de carbono, de manera que se combate de forma más eficiente el cambio climático 

Reducción del riesgo de incendios 

La tala controlada basada en el aclarado consiste en una técnica que elimina masa forestal adulta en zonas muy densificadas. Con el aclarado se libera espacio entre los árboles, lo que les permite crecer y desarrollar sus raíces de forma más vigorosa.  

Si aplicamos el aclarado en un bosque con alta densidad de masa forestal, la separación entre las distintas especies arbóreas disminuye la velocidad a la que se propaga el fuego y, por ende, se reduce el riesgo de incendios forestales y los daños derivados de ellos en los bosques.  

Prevención de inundaciones y mejora de la calidad del suelo 

Si los árboles cuentan con un sistema de raíces fuertes y desarrolladas, evitarán problemas de erosión manteniendo la estabilidad del suelo frente a crecidas de agua, que pueden derivar en estancamientos e inundaciones.  

Un terreno que cuente con una densidad controlada de árboles jóvenes y sanos tendrá más nutrientes, insectos y hongos que lo enriquezcan. En estas circunstancias, el entorno es propicio para que crezcan los arbustos en los espacios creados con la tala controlada y a su vez, sirvan de sustento a múltiples especies de animales que viven en ese ecosistema. 

Sostenibilidad y rentabilidad económica 

Un terreno rico en nutrientes y con masa forestal sana y joven, caracterizada por su rápido crecimiento, permite la extracción de madera y otros recursos como los frutos, los hongos e incluso, plantas medicinales, que crecen en el bosque de manera sostenible. Con estas prácticas se garantiza que las futuras generaciones puedan beneficiarse de estos productos.  

Además, estos bosques pueden erigirse como destinos turísticos sostenibles y responsables que generen una nueva e importante fuente de ingresos para la comunidad.  

Conservación y fomento de la biodiversidad 

En los bosques vive el 80% de la biodiversidad del planeta, por lo que es esencial asegurar los ecosistemas en los que habitan las diferentes especies. Mediante la tala controlada, se pueden crear nuevos hábitats en zonas hasta ese momento densificadas, que alberguen a un gran número de especies animales y plantas.  

Marco legal que regula la tala de árboles en España 

En España la tala de árboles está regulada por la Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes y las comunidades autónomas tienen la potestad legislativa en materias de ordenación forestal en suelo urbano, que rigen las condiciones de tala de árboles, promueven buenas prácticas forestales y establecen medidas de conservación. No obstante, no todas las localidades han desarrollado ordenanzas municipales al respecto

Una de las pocas comunidades que cuentan con una regulación específica en esta materia es la comunidad autónoma de Madrid. En la Ley 8/2005 de protección y fomento del arbolado urbano se desgranan las medidas que se aplicarán a todos los ejemplares de cualquier especie arbórea con más de diez años de antigüedad o veinte centímetros de diámetro de tronco al nivel del suelo que se ubiquen en suelo urbano.  

Es importante verificar que el árbol que se desea talar no está catalogado como especie protegida, ya que la tala, derribo o eliminación de estos árboles puede conllevar sanciones económicas graves o muy graves, que pueden alcanzar los 500.000€ de multa. 

Para poder talar un árbol justificadamente, en un terreno público o privado, hay que contar con una licencia o permiso que debes solicitar en el organismo público competente. Este trámite es necesario si el árbol se encuentra en una finca en suelo urbano o rústico. También se requerirá al solicitante, en la mayoría de los casos, un informe técnico que avale la tala o corte de la especie arbórea, ya que la destrucción de masa forestal está estrictamente regulada. 

Para que se autorice el corte de árboles en un monte o finca rústica de propiedad privada, un técnico en materia de medio ambiente debe emitir un informe aprobando esta acción tras analizar las características individuales del propio ejemplar –tipo de especie y edad, entre otras- y la repercusión ecológica de la tala en la finca. Aunque se trate de una tala en una propiedad privada, es recomendable consultar con los técnicos especialistas en Medio Ambiente del ayuntamiento del municipio para conocer el procedimiento y legislación vigente y no exponerse a una posible multa. 

¿Cuándo es imprescindible talar un árbol? 

Las talas serán imprescindibles y necesarias siempre y cuando los árboles supongan un peligro para el entorno o que por su mal estado supongan un peligro para los ejemplares sanos. 

  • Especies arbóreas con problemas fitosanitarios, de putrefacción o una inclinación que pueda derivar en un desprendimiento que ponga en peligro a las personas o bienes que lo rodean o comprometer la supervivencia de otros ejemplares sanos.
  • Árboles que impidan la iluminación y ventilación correcta de inmuebles. Para llevar a cabo la tala o poda drástica de estas especies la distancia entre copa y fachada debe ser inferior a 2 metros.
  • Árboles situados cerca de tendidos eléctricos o telefónicos, para reducir el riesgo de incendio.
  • Árboles que suponen una barrera arquitectónica en la vía. Se recomienda eliminar todas aquellas especies arbóreas que afectan a los itinerarios peatonales o accesibles.
  • Ejemplares que dificultan una obra arquitectónica. En casos de obras nuevas, reformas o ampliaciones de edificios es esencial que se justifique porque no se puede conservar o trasplantar el árbol a otra zona.
  • Árboles que causan daños en estructuras o instalaciones. Los árboles y sus raíces pueden causar el levantamiento de adoquines o piedras de las aceras, interferir en la red de saneamiento o afectar a muros, vasos de piscina, conductos de agua o gas, entre otros muchos perjuicios. 

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