La carcoma es uno de los principales problemas para todos los profesionales que trabajan con la madera. Los diminutos orificios sobre la corteza del tronco de los árboles son uno de los rastros que deja la carcoma allá por donde pasa. Aunque normalmente se asocia exclusivamente a muebles o estructuras de madera, la carcoma también está en árboles vivos, provocando daños significativos y poniendo en riesgo su salud. Se une así a otros pequeños devastadores vegetales como la mariposa del geranio, el picudo rojo o la oruga procesionaria

Para combatir a la carcoma, hay diferentes maneras que te vamos a explicar a continuación. 

¿Qué es la carcoma? 

De aspecto feo y diminuto, la carcoma es un conjunto de especies de escarabajos del tipo xilófagos que ataca la madera de un modo agresivo y destructivo. Se reproduce en la propia madera y en su etapa de larva es cuando provoca los mayores daños. En algunas regiones del mundo se la conoce también como la “polilla de la madera”. Su hábitat se reparte por zonas climáticas templadas, como los bosques del norte de Europa, Nueva Zelanda o la costa este de Estados Unidos. En cuanto se asientan y encuentran un buen lugar donde vivir, son muy destructivas. De todos modos, es muy fácil identificarlas, ya que su rastro es bien visible. 

Carcoma de la madera en árboles

Rastro destructivo 

Como decimos, es sencillo identificar que un árbol está afectado por la carcoma. Combatirla puede llegar a ser un buen desafío, pues sus larvas viven en el interior de la madera, pero hay algunos signos que pueden ayudarnos a identificarlas. 

Agujeros: cuando la carcoma está en su estado adulto, emerge de la madera dejando tras de sí pequeños agujeros circulares u ovalados. Estos diminutos agujeros pueden verse sobre la madera o en la corteza expuesta. 

Serrín: a medida que la carcoma avanza por el interior de la madera, crean galerías que lanzan al exterior un serrín fino. Este polvo puede acumularse en la base del árbol o alrededor de los agujeros de salida. Lo túneles creados por la carcoma pueden ser una puerta de entrada para hongos y bacterias que pueden provocar enfermedades en el árbol. 

Daños estructurales: la carcoma se alimenta de la madera y, por consiguiente, debilita el material. Debido a esto, las ramas del árbol pueden quebrarse, la corteza puede desprenderse, provocar el colapso de una parte del árbol o su muerte. 

Cambios en el follaje: si el árbol se ve afectado gravemente por la carcoma, las hojas pueden variar su color, secarse o tener un crecimiento deficiente. 

De todos modos, dentro de esta especie hay diferentes tipos de carcoma sobre las que debes tener en cuenta diferentes consideraciones en función de sus características. 

Un “pequeño” problema con diferentes rostros 

Dentro de la familia de las carcomas, podemos distinguir entre tres tipos: los Anóbidos, los Líctidos y los Cerambícidos. Vamos a conocerlos. 

Los Anóbidos son la carcoma más común. Su superficie favorita es la madera blanca seca, como la del pino o el abeto. Las larvas son de color blanquecino. En su etapa adulta, aunque sigue teniendo un tamaño pequeño, su color cambia a un color marrón oscuro rojizo.  

Por otro lado, los Líctidos no suelen estar presentes en madera que tenga un índice de humedad por debajo del 6% y necesitan un alto contenido en almidón. Sus árboles favoritos son el roble, el nogal o la encina. 

Por último, los Cerambícidos son una especie muy agresiva ya que ataca a muchas partes de la madera. Su tamaño y, en consecuencia, sus agujeros, son más grandes que los dos tipos anteriores, por lo que su detección suele ser más sencilla. El lado positivo es que no suelen reinfectar la madera y su aparición es realmente inusual. 

Carcoma de la madera en árboles.

Los controles periódicos, clave para la prevención de la carcoma 

Tomar medidas de prevención o identificar a la carcoma en edades tempranas es esencial para poder controlarla, prevenir futuras infestaciones y que nuestros árboles tengan una vida larga y plena. Algunas de estas medidas son: 

Inspecciones regulares: es importante revisar con frecuencia nuestros árboles para detectar los primeros síntomas de infestación, como los agujeros de salida o el serrín. 

Mantenimiento: un riego y fertilización periódica mejorará la resistencia a la carcoma, por lo que este es otro factor que no se debe descuidar. 

No dañar los árboles: si usamos maquinaria pesada, es importante tener cuidado para evitar provocar lesiones en la corteza. 

¿Puede combatirse la carcoma en caso de plaga? 

La respuesta es sí. Hay una serie de medidas y pasos que puedes llevar a cabo para combatir la llegada de este pequeño pero destructivo insecto. Algunas pueden llegar a ser muy obvias, pero no está de más repasarlas para no tener que tomar medidas más drásticas. 

Tratamiento químico: existen insecticidas que puedes inyectar en el interior del tronco o aplicarlos sobre su corteza para matar las pequeñas larvas de la carcoma. Nosotros te recomendamos consultar y asesorarte con un profesional especializado en control de plagas para intervenir con el producto más adecuado y aplicar las medidas de seguridad necesarias. 

Inspecciones regulares: en caso infestación temprana, es bueno revisar los árboles con cierta frecuencia para comprobar su estado y para detectar si el problema ha ido a peor. 

Control biológico: como suele ocurrir en la fauna animal, la carcoma también tiene depredadores naturales como lo son algunos pájaros o especies de insectos que pueden ayudar a controlarla. 

Saneamiento: es muy importante recordar deshacerse de ramas dañadas o muertas, así como de los árboles infectados cercanos. Esto puede ayudar a que la carcoma no continúe propagándose. 

Mantenimiento: como en la fase de prevención, debemos mantener el riego o la fertilización para que nuestros árboles tengan buena salud. Esto puede mejorar la resistencia ante un proceso más avanzado de afección por la carcoma.  

Es muy importante seguir todas estas medidas de prevención y, en caso de infestación, aplicar rápidamente los métodos más adecuados para combatir a la carcoma y evitar así los potenciales daños que puedan provocar en nuestros árboles. Aplicando estas recomendaciones, mantendremos a raya este pequeño pero gran problema. 

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