Una de las mayores dificultades que enfrenta el sector de la producción de almendra es la enfermedad fúngica comúnmente conocida como monilia. Esta enfermedad está provocada principalmente por tres hongos: Monilia laxa, el más extendido, Monilia fructigena y Monilia fructicola. Además de a los almendros, estos hongos afectan a otros árboles frutales como cerezos, albaricoques, ciruelos y melocotoneros.  

Tiene mayor presencia en zonas con un clima templado y húmedo, lo que favorece la propagación de este hongo, pero la Monilia laxa también se caracteriza por poder resistir y esporular a temperaturas bastante bajas. El crecimiento de este hongo suele ser lento y pasar desapercibido en su etapa inicial. Sin embargo, una vez que la enfermedad se instala en el árbol, puede reducir drásticamente la producción de los almendros e incluso poner en riesgo la supervivencia de estos ejemplares a medio plazo. 

Por tanto, entender cómo se comporta la monilia, sus síntomas, su propagación y cómo controlarla es fundamental para mantener la salud y productividad de los almendros. 

Síntomas de la monilia

En su primera etapa, la presencia de la monilia en los almendros puede ser difícil de identificar. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, se vuelve más visible, lo que permite intervenir a tiempo si se detecta con rapidez. 

La moniliosis ataca a flores, hojas, frutos y brotes y entre los signos más característicos de esta enfermedad, destacan: 

  • Flores marchitas y ennegrecidas: este es uno de los primeros signos que aparece durante la antesis (el proceso de apertura de las flores). Las flores infectadas no caen al suelo, sino que se secan y permanecen adheridas a las ramas. Este es un claro aviso de que el hongo ya ha invadido los tejidos. 
  • Presencia de chancros: los chancros son heridas o necrosis en las ramas que a menudo exudan una sustancia gomosa conocida como gomosis y que puede ser de color marrón, amarillo o caramelo. Estas lesiones pueden bloquear la circulación de la savia, pudiendo debilitar seriamente la estructura del árbol si no se tratan. 
  • Frutos momificados: las almendras que han sido atacadas por el hongo presentan manchas marrones que se cubren de una capa gris o blanquecina. Estos frutos terminan desecándose, arrugados y adheridos a las ramas del árbol durante meses, actuando como un reservorio del hongo en el que el organismo puede sobrevivir y multiplicarse. 
  • Brotes secos y ramas jóvenes muertas: a medida que el hongo avanza puede afectar tejidos más internos provocando que se sequen los brotes y dificultando la regeneración del árbol, lo que puede terminar en su muerte. 

En condiciones de alta humedad, los tejidos muertos del árbol pueden producir nuevas esporas que contagien el mismo árbol u otros cercanos. 

¿Cómo prevenir la monilia en el almendro?

La clave para combatir la monilia en el almendro es prevenir su propagación. Para ello, es importante aplicar una serie de medidas preventivas que reduzcan la presencia del hongo en el entorno del cultivo. 

Algunas de estas medidas preventivas son: 

  • Realizar una poda higiénica que destruya las ramas y frutos afectados para evitar el contagio. Las ramas con chancros, brotes secos, flores muertas y frutos momificados deben retirarse. Esta poda debe realizarse en verano o a principios de otoño, cuando las condiciones climáticas no favorecen la propagación del hongo. 
  • Evitar provocar heridas al árbol que puedan convertirse en nuevas puertas de entrada para las esporas. Es importante utilizar siempre herramientas limpias y desinfectadas y estar atentos a las heridas provocadas en el árbol por fenómenos naturales como granizo, animales o viento fuerte. 
  • Mejorar la ventilación de la copa reducirá la humedad en el interior del árbol, lo que dificulta la germinación de esporas. 
  • Seguir de cerca los pronósticos del tiempo, especialmente en épocas de floración, ayudará a anticiparse a los momentos de mayor riesgo. En caso de lluvia o niebla durante varios días seguidos, es recomendable aplicar tratamientos preventivos. 

Tratamientos fitosanitarios

Si las medidas de prevención no son suficientes y la monilia ya está presente, es importante reforzar la protección mediante tratamientos fungicidas.  

Estos tratamientos deben aplicarse estratégicamente en los momentos más sensibles del ciclo de cultivo. 

Fungicidas biológicos

Cada vez se apuesta más por opciones sostenibles, especialmente en cultivos certificados como ecológicos o biodinámicos. Entre ellos, es posible encontrar: 

  • Amylo-X® WG: fungicida y bactericida de origen natural que contiene Bacillus amyloliquefaciens, una bacteria beneficiosa que impide el desarrollo de la monilia en el almendro. También activa las defensas naturales del árbol. Resiste muy bien altas temperaturas y contiene un amplio rango de pH, lo que hace que sea muy eficaz para combatir la monilia en el almendro, sobre todo si la infección se produce durante la floración y caída de pétalos. 
  • Karbicure®: fungicida biológico que tiene una base de bicarbonato potásico muy eficaz para la prevención y la eliminación de la monilia. Deshidrata y destruye las células del hongo al actuar como un secante de gran potencia. Se recomienda aplicar con una pulverización al aire libre mediante una mochila o un tractor y en invernadero, mediante lanza o pistola. 

Fungicidas convencionales

Si recurrimos a fungicidas químicos, es importante elegir productos con principios activos eficaces y seguir las recomendaciones de aplicación para asegurar su efectividad: 

  • Fenbuconazol: fungicida químico preventivo y curativo que se utiliza para el control de la monilia en el almendro. Se realizarán 2 aplicaciones con un intervalo de 7 días y con un volumen de caldo de 350-1.000 L/ha. 

  • Tebuconazol: fungicida sistémico de alcance medio con acción preventiva y curativa. Se realizarán 2 aplicaciones con un intervalo de 12 a 14 días y se aplicará en primavera o comienzos de verano. 

La monilia en el almendro es una enfermedad que puede pasar desapercibida en sus primeras etapas y que tiene un impacto muy perjudicial para el árbol si no se controla a tiempo. Con el correcto conocimiento del hongo y con las medidas preventivas adecuadas, se puede mantener la salud de los almendros y garantizar su productividad a largo plazo. 

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