‘The Last of Us’ es una de las series del momento. Aunque ya cautivó a miles de personas tras el lanzamiento del famoso videojuego hace más de diez años, la versión para televisión se ha convertido en un fenómeno de masas con sus dos primeras temporadas.
Para quien todavía no se haya hecho una maratón de esta serie tan adictiva y no conozca su trama, la historia transcurre en un mundo postapocalíptico donde una enfermedad altamente contagiosa convierte a todo aquel que se infecta en algo parecido a un zombi. Ellie, una niña con grandes habilidades de supervivencia es la única persona en el mundo inmune a la enfermedad provocada por el Cordyceps, un hongo que es capaz de tejer conexiones invisibles entre los infectados a través de una red que se extiende por el suelo y que, lejos de ser pura ficción, tiene una base de realidad.
Un sistema que conecta la vida bajo nuestros pies
No es Cordyceps ni va a provocar que la población del planeta se convierta en zombi, pero sí que existe una red subterránea muy similar de hongos que está presente en todos los lugares del mundo. Son las redes de micelio, una estructura compleja y fundamental que conecta raíces, transporta nutrientes vitales y que tiene un papel importante en la captura del CO2 de la atmósfera.
Este entramado está compuesto por hongos micorrízicos, unos organismos que establecen relaciones simbióticas con las plantas.
En un estudio publicado por la revista Nature, se detalla que el crecimiento del micelio se produce a través de pulsos u oleadas controladas: las puntas activas del micelio se propagan lentamente, dejando tras de sí estructuras filamentosas capaces de absorber agua y nutrientes del suelo.
Este patrón se autorregula a través de fusiones internas, permitiendo que la red mantenga el equilibrio entre expansión y eficiencia. De ese modo, si necesitan acortar distancias entre filamentos, forman bucles estructurales o incrementan la capacidad de transporte, algo totalmente excepcional en la naturaleza. Son como supercarreteras bajo tierra.
Dado su funcionamiento, algunos investigadores lo han denominado como el “internet de los bosques”. Por su diseño y dinámica, el micelio conecta múltiples organismos, permitiendo el flujo bidireccional de recursos y responde de manera descentralizada a las alternaciones del entorno. Por ejemplo, si una plaga afecta a un grupo de árboles, estos lanzan un “mensaje” a través de esta red para que los árboles cercanos preparen sus defensas en caso de ser amenazados por esa misma plaga.

Un actor invisible frente al cambio climático
Además de su importancia entre diferentes especies vegetales, las redes fúngicas también son un actor principal frente a las emisiones de CO2. Se calcula que los hongos micorrízicos capturan anualmente unos 13.000 millones de toneladas de dióxido de carbono.
En este sentido, un equipo de investigadores de la Universidad de Ámsterdam trabaja para elaborar un mapa global de estas redes subterráneas y detectar así puntos calientes de captura de carbono y biodiversidad, desde las zonas más áridas a las más húmedas, como las selvas tropicales.
El mismo grupo de investigadores desarrolló un sistema robótico capaz de observar y estudiar el desarrollo del micelio a un nivel nunca visto. En el laboratorio se analizaron más de 500.000 nodos fúngicos y se trazaron 100.000 trayectorias de flujo de nutrientes. Con estas investigaciones se descubrió que las redes fúngicas no crecen aleatoriamente; sino que evalúan si continuar explorando nuevas áreas o fortalecer el transporte de recursos.
“Estos hongos son comerciantes, ya que deben evaluar si resulta más conveniente continuar explorando el entorno o concentrarse en transportar los recursos ya adquiridos”, explica a National Geographic, Toby Kiers, bióloga evolutiva y responsable de la investigación.
Igualmente, aunque los hallazgos son sorprendentes y arrojan una nueva visión para interpretar el funcionamiento de estos sistemas subterráneos, los investigadores creen que los resultados deben interpretarse con cautela y seguir estudiando las conexiones subterráneas formadas por los hongos micorrízicos.




