En los últimos años el cultivo del almendro (Prunus dulcis) ha experimentado una transformación significativa, propiciada por un aumento de la demanda. España es uno de los principales productores de almendra a nivel mundial, por detrás de Estados Unidos, que domina el mercado por su producción intensiva de almendra de la variedad California. 

En el territorio español, se está produciendo un notable aumento de la superficie dedicada al almendro. Según datos del Ministerio de Agricultura, entre el año 2015 y el 2023, la superficie dedicada a este cultivo ha crecido en un 30%, alcanzando las 700.000 hectáreas repartidas en diferentes comunidades autónomas como Andalucía, Cataluña, Aragón, Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia. 

La poda es una de las prácticas más importantes que se pueden realizar sobre este cultivo, puesto que aporta grandes beneficios al árbol, aumentando a largo plazo su producción y mejorando la calidad de los frutos. 

Beneficios de la poda del almendro

A lo largo del ciclo de vida del almendro, la poda juega un papel fundamental en la optimización de la circulación del aire y la exposición solar. Se eliminan las ramas más débiles o viejas para permitir que la luz alcance el interior, favoreciendo el crecimiento de la flor de cara a la próxima cosecha. Además, al mejorar la aireación se reduce la humedad interna, lo que ayuda a prevenir enfermedades fúngicas y plagas. 

Por otro lado, a través de la poda se controla el tamaño y la forma del almendro. Algo especialmente relevante en sistemas intensivos, puesto que facilitará la recolección, ya sea manual o mecánica.

Almendros en flor

El mejor momento para podar un almendro

El éxito de una poda dependerá en gran medida del momento en el que se ejecute. Aunque el momento adecuado varía en función del tipo de poda a realizar, en general, el invierno tardío es la época recomendada para gran parte de las podas. 

En este momento del año, que generalmente coincide con los meses más fríos, el árbol se encuentra en reposo vegetativo. Se trata de una fase natural de su ciclo anual en el que el almendro pierde sus hojas y no se produce la brotación de nuevas, ni crecimiento de frutos. Al ser una temporada de bajas temperaturas, se reduce el riesgo de que los cortes sean atacados por plagas y otras enfermedades que suelen proliferar en climas cálidos. 

También es aconsejable tener en cuenta que el momento ideal para la poda puede variar en función de la zona. En lugares con inviernos suaves como puede ser zonas del sur y del Levante, es frecuente que las podas comiencen antes. En regiones más frías, como Castilla-La Mancha o Aragón, lo conveniente será retrasar la poda hasta finales de febrero o incluso principios del mes de marzo.

Tipos de poda de almendro

Existen diferentes tipos de poda en función del objetivo y del momento en el que se encuentre el árbol:

Poda de formación

Con este tipo de poda se busca que el almendro crezca de forma equilibrada y con una estructura consistente. Se realiza mientras el ejemplar es joven, aproximadamente a partir de que almendro mida 1 metro de altura y durante las siguientes cuatro temporadas.  

Durante el primer año, cuando las ramificaciones hayan alcanzado una longitud de unos 50 o 60 cm, habrá que cortarlas dejándolas con una longitud de 40 cm. Esto permitirá que el tronco coja fuerza y engorde más rápidamente, algo esencial para que pueda sujetar el peso que el árbol va a adquirir a medida que vaya creciendo. 

En el segundo año se deberá repetir el procedimiento en las ramas principales. También habrá que eliminar los chupones, es decir, los brotes que crecen rápidamente en la mitad inferior del tronco y que restan recursos como agua, luz y nutrientes a las ramas principales. 

Durante el tercer y cuarto año, se podarán las ramas que se dirijan hacia el centro de la copa del árbol para que la luz pueda alcanzar el interior. También será necesario recortar aquellas ramas que crezcan en exceso para que adquiera una forma adecuada que facilite la recolección de almendras.

Tijeras para podar almendros

Poda de mantenimiento o fructificación

Transcurridos los cuatro primeros años, la poda estará orientada a desarrollar las ramas productivas del árbol. Se trata de una poda anual de poca intervención y rápida ejecución en la que tan solo se eliminarán chupones y las ramas que interfieran en el crecimiento de las ramas principales. 

Otro de los objetivos de esta poda es dar forma al árbol y controlar su tamaño, que dependerá en gran medida del tipo que máquina que se vaya a utilizar para la recolección de la almendra. 

Por otro lado, con los años algunas ramas pueden empezar a deteriorarse, apareciendo necrosis y un bajo crecimiento, por lo que lo recomendable será cortarlas. De este modo se consigue una mayor vida útil y productiva del ejemplar.

Poda de renovación o rejuvenecimiento

Los almendros empiezan a manifestar muestras de envejecimiento a partir de los 25 años. El árbol empezará a perder fuerza y las ramas más viejas se volverán quebradizas, por lo que la producción será menor. 

La poda de renovación es un tipo de poda más drástica, en la que se mantendrán solamente las ramas principales que tengan 10 cm de diámetro o más y se eliminarán todas las ramas secundarias.  

En cuanto a las ramas principales, estas deberán ser podadas a unos 50 cm de su nacimiento. También es aconsejable realizar una renovación secuencial sobre estas ramas, consistente en eliminar una rama principal por completo cada año para mantener parte de la producción del almendro sin ocasionar un gran desajuste en el árbol. Así, con el paso del tiempo se conseguirá una nueva copa.

Poda en verde

Las podas que hemos explicado hasta ahora son podas que se realizan cuando el almendro está en reposo vegetativo. Sin embargo, existe un tipo de poda que se lleva a cabo al finalizar la recogida del fruto, en los meses de mayo o junio. Es la conocida como poda en verde, en la que se ejecutan cortes de rebaje con la intención de controlar la ramificación y evitar que el ejemplar pierda fuerza.

Consejos para la poda del almendro

Cuando se podan los almendros, al igual que con otro tipo de árbol, las herramientas a utilizar deben estar bien desinfectadas y muy afiladas para que los cortes sean lo más limpios posible e intentar evitar el riesgo de infecciones y la transmisión de enfermedades. 

Para una poda efectiva, lo mejor será contar con las siguientes herramientas: 

  • Tijeras de podar para cortar brotes y ramas de un diámetro poco diámetro. Las de mano son útiles para ramas de hasta 2,5 cm de grosor, mientras que las de dos manos pueden llegar a cortar hasta 5 cm de diámetro. 

Aunque el almendro es un árbol de crecimiento lento, es conveniente revisar frecuentemente su evolución para asegurarse de que se desarrolla según lo previsto. Un ejemplar sin ningún tipo de poda difícilmente producirá almendras al 100% de su capacidad. 

Adaptar las diferentes técnicas de poda a las necesidades concretas de cada árbol y conocer cuál es el mejor momento para llevar a cabo este tipo de tareas es esencial para asegurar la producción a lo largo de los años y garantizar de este modo la rentabilidad del cultivo a largo plazo.

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