El almendro vive un momento de enorme expansión gracias al creciente interés por los frutos secos y a la profesionalización del sector. Sin embargo, el incremento de superficie cultivada también ha traído consigo mayores exigencias en el manejo sanitario. Para lograr producciones estables, rentables y sostenibles, es imprescindible planificar un calendario de tratamientos que integre prevención, monitoreo y decisión técnica basada en umbrales y condiciones climáticas. 

Por ello, es importante conocer los tratamientos recomendados del almendro a lo largo del año, así como conocer las principales plagas y enfermedades, y las herramientas disponibles para un manejo eficaz: desde la observación en campo hasta el uso de productos fitosanitarios, bioestimulantes y soluciones de control biológico. El principal objetivo es conseguir optimizar recursos y proteger el cultivo sin caer en aplicaciones innecesarias. 

Preparación de invierno  

Durante los meses de invierno, tras la caída de hojas, el almendro entra en reposo vegetativo. Es el momento idóneo para realizar tareas de saneamiento y prevención, fundamentales para reducir la presión de enfermedades en primavera. 

Algunas de las principales actuaciones recomendadas son el tratamiento de cobre, aplicado tras la poda y con el árbol completamente en reposo. Esto ayuda a disminuir esporas de FusicoccumMonilia y bacteriosis, además de proteger heridas de poda. 

Por otro lado, también se pueden aplicar aceites minerales para controlar formas invernantes de pulgón, ácaros y huevos de otras plagas. Deben aplicarse en condiciones de ausencia de heladas y con plena cobertura. 

Cómo no, también es conveniente realizar una poda para eliminar restos vegetales. Además, quemar o triturar restos reduce restos de hongos y refugios de insectos. 

Días previos a la primavera 

Con el incremento de las temperaturas, las yemas de las ramas comienzan a activarse. Este es el momento de vigilar condiciones húmedas y frías, ya que favorecen la proliferación de abolladura (moteado), fusicocosis y la mancha ocre. 

El tratamiento clave para combatir estas amenazas es aplicar fungicidas preventivos (preferiblemente de amplio espectro), aplicados antes del estallido de yemas de las ramas, especialmente en zonas con historial de enfermedades. 

Los bioestimulantes o inductores de defensa pueden complementar la estrategia preventiva y ayudar al árbol a afrontar el estrés del arranque vegetativo. 

Entre las plagas a vigilar están el pulgón negro, las orugas defoliadoras y los ácaros. 

Floración 

La floración es la etapa más sensible del almendro. Las lluvias y humedades relativas elevadas durante este periodo incrementan significativamente el riesgo de monilia, enfermedad que puede arruinar gran parte de la producción. 

Durante esta etapa se recomiendan tratamientos antimonilia al inicio de floración y repetir en plena flor si el tiempo es húmedo o lluvioso. El uso de productos específicos para floración es clave, ya que deben ser compatibles con la actividad de los polinizadores. 

Además, es conveniente evitar mezclar productos con alta fitotoxicidad que puedan dañar la flor o repeler abejas. 

Algunas de las plagas frecuentes durante floración que hay que vigilar son los pulgones, los trips; especialmente en primaveras secas, y el mosquito verde en zonas más cálidas. 

Endurecimiento del fruto y desarrollo vegetativo 

Una vez cuajado el fruto, el foco se desplaza hacia el mantenimiento del buen estado de hojas y brotes. Es un periodo de crecimiento intenso, tanto del árbol como de posibles plagas. 

Entre las acciones recomendadas están el seguimiento quincenal para detectar plagas de pulgón, araña roja, gusano cabezudo o el tigre del almendro. 

Además, si se superan umbrales de daño, habrá que dar tratamientos específicos. En producción integrada o ecológica, se priorizan liberaciones de auxiliares, trampas cromáticas y productos de bajo impacto. 

Por otro lado, si las analíticas realizadas al árbol así lo indican, se pueden aplicar correctores de microelementos, como zinc y boro, así como bioestimulantes para mejorar el engorde del fruto y la respuesta al estrés hídrico o térmico. 

Verano y maduración del fruto 

En pleno verano, el estrés hídrico y térmico puede afectar al árbol y favorecer determinadas plagas. La más problemática en esta fase suele ser la polilla del almendro (Amyelois transitella), conocida como navel orangeworm, especialmente en zonas cálidas y en recolecciones tardías. 

Otros problemas frecuentes son la Mancha ocre si hubo primavera lluviosa y no se controló a tiempo y, dependiendo de la zona, los barrenadores y perforadores. 

Para controlar esto, algunas estrategias son la utilización de trampas y monitoreo para determinar el momento de los tratamientos en caso de polilla y la eliminación de frutos momificados y almendras “mordidas” que quedan en el árbol, ya que son foco de reinfestación. 

Además, es recomendable valorar aplicaciones de bioestimulantes post-estrés en caso de golpes de calor prolongados sobre el árbol. 

Posrecolección y cierre de ciclo 

Tras la recolección de los frutos, el árbol necesita recuperar reservas para inducir una buena floración durante la siguiente campaña. No conviene descuidar esta etapa. 

Algunas buenas prácticas para esta etapa son el tratamiento cúprico, a base de cobre, poscosecha para proteger heridas y reducir carga de patógenos, el control de plagas que puedan invernar en la plantación, la fertilización posrecolección para fijar reservas, preferiblemente basada en análisis foliar, y el riego adecuado para apoyar la recuperación sin excesos que favorezcan enfermedades. 

El almendro es un cultivo apasionante, pero exige planificación para su cuidado correcto. Un calendario de tratamientos bien diseñado, adaptado a la variedad, la climatología de la zona, el sistema de cultivo y el historial del área donde esté plantado es fundamental para garantizar una producción rentable y sostenible. 

El enfoque moderno no pasa por actuar exclusivamente si surge algún problema, sino por prevenir, observar, decidir y actuar. La profesionalización del sector, el uso de nuevas tecnologías y la integración de estrategias biológicas permiten conseguir un almendro más sano, productivo y respetuoso con el entorno. 

Con una visión técnica sólida y una ejecución coherente, cada campaña se convierte en una oportunidad para mejorar la salud del almendro y la rentabilidad de sus frutos. Al final, el mejor tratamiento es siempre aquel que llega a tiempo, con criterio y con sentido. 

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