Francisco Dans

Ingeniero de Montes

En todos los países de la Unión Europea los bosques de coníferas son los ecosistemas forestales de uso comercial más extensos y sus recursos, en particular la madera, constituyen la base de la industria forestal europea. En España sucede lo mismo, siendo los pinares que ocupan el 36 % de la superficie arbolada española el grupo de coníferas más relevantes, con una eleveda diversidad, nada menos que siete especies de pinos autóctonos y una importada se reparten por toda la geografía española, desde las principales dunas costeras hasta las más altas cotas arboladas de todos los sistemas montañosos de la península. 

En el conjunto del territorio nacional destacan, por su importancia económica, los pinares existentes en tres regiones: Castilla-León, Galicia y País Vasco. Ocupan 1.550.000 hectáreas y en ellas los aprovechamientos anuales de madera se aproximan a 8 millones de metros cúbicos que representa el 76% del volumen total de cortas de madera de coníferas en España. La mayor parte de esta madera proviene de montes de Pinus pinaster, Pinus radiata y Pinus sylvestris. En el conjunto de las tres comunidades autónomas, el 40 % de estos montes es de propiedad pública y el 60% son de gestión privada, distribuida entre  más de un millón de propietarios de montes. Las empresas de servicios forestales, las industrias de transformación de madera, las actividades de aprovechamiento forestal, el transporte y el comercio derivados generan más de 100.000 empleos, directos y asociados, en estas tres CCAA, en su mayoría en áreas rurales. 

En los últimos cinco años, a los productos tradicionales de la industria maderera, carpintería, palés, embalajes y tableros que absorbían la mayor parte de los recursos de los pinares se han ido añadiendo nuevos desarrollos tecnológicos que permiten crear productos estructurales resistentes cuya base también es la madera de coníferas y que están siendo crecientemente utilizados en el sector de la edificación. Este nuevo destino resulta clave ante los retos de descarbonización a nivel local, nacional y global, y la madera maciza industrializada ha surgido como una solución fundamental en este campo. Se conoce como madera contralaminada (CLT por sus siglas en inglés Cross Laminated Timber) y se usa para numerosas aplicaciones como paredes, fachadas y forjados, funcionando bien como elementos de carga y aislamiento. Al promover el uso de madera como material estructural en edificios, se reduce significativamente la huella de carbono en comparación con otros materiales convencionales, como el hormigón y el acero. El CLT, como un recurso renovable y de bajo impacto ambiental, contribuye a la mitigación del cambio climático al almacenar carbono de forma permanente a lo largo de su ciclo de vida. 

En el contexto europeo de expansión de la bioeconomía, de aumento del consumo de materiales renovables y de sustitución de materiales derivados del petróleo, el aumento de la demanda de madera de coníferas se presenta como una tendencia irreversible. Sin embargo, los incendios forestales, pero sobre todo la incidencia de plagas y enfermedades y el bajo precio que en el pasado ha tenido la madera de coníferas han tenido efectos muy negativos sobre la superficie forestal dedicada al cultivo de coníferas. 

Dentro de los problemas sanitarios que afectan a los pinares es preciso mencionar una serie de patógenos forestales (fusarium, nematodo del pino, bandas roja y marrón, entre otras) que acechan y afectan dichas masas, pudiendo llegar a causarles graves daños ecológicos e, incluso, la muerte de los pinos que las forman.  

Esta dinámica negativa está, provocando la desaparición o la transformación de pinares en otros cultivos. Las cifras de disminución de la superficie de los pinares han levantado la alarma de la industria de la madera que ve peligrar a medio plazo el suministro de madera de coníferas a las cadenas industriales de producción. A su vez, muchos selvicultores han perdido la confianza en plantar con especies de pinos. Entre los productores cunde el desánimo ante estas situaciones alarmantes, como reiteradamente han expresado las asociaciones de propietarios forestales. 

Así pues, parece clara la necesidad de que los productores forestales mejoren los montes de coníferas, reduciendo los riesgos de daños ecológicos y económicos derivados de la pérdida de crecimiento y muerte del arbolado, causados por el aumento de agentes patógenos fomentado por el cambio climático.  

La mejora genética

Las vías para cambiar esta dinámica también están bien identificadas: conocimiento y prevención. Junto a una buena selvicultura, con frecuencia entorpecida por complicaciones burocráticas absurdas o por la ausencia de incentivos ajustados, uno de los factores estratégicos para aumentar la resiliencia de los pinares y para mejorar su capacidad de crecimiento es disponer de materiales  de reproducción adaptados a los distintos ecosistemas. La disponibilidad de estos materiales es la mejor garantía para mantener la salud de los bosques y para conseguir que los productos en ellos generados se puedan adaptar a las nuevas demandas del mercado. Por ello, es más necesario que nunca dedicar recursos a la genética forestal como parte esencial de los programas de I+D forestales  

Además de asegurar la biodiversidad, las líneas de mejora genética actuales en el ámbito de los bosques cultivados-destinados a la generación de productos de consumo, en particular madera y fibras de madera, persiguen lograr materiales de reproducción resistentes a las principales patologías, adaptados a los cambios climáticos y que en el menos plazo posible puedan producir maderas de calidad ajustadas a las necesidades industriales.  

Para alcanzar estos objetivos se desarrollaron técnicas de mejora, inicialmente de reproducción sexual, apoyadas en la selección de árboles superiores y en la instalación de huertos semilleros destinados a producir semilla de forma controlada y mejorada. Así, se fueron obteniendo distintas generaciones de materiales que una vez ensayados en campo permitió que los viveros forestales pudieran producir planta de mejor calidad y con características homogéneas.  

Otras técnicas utilizan procedimientos de reproducción vegetativa, asexual, como pueden ser las tradicionales de injerto, estaquillado, etc. Estos procesos presentan la dificultad de que los caracteres buscados solo pueden ser evaluados en la fase madura de los árboles y que por tanto resultan necesariamente lentos. Para apoyar los sistemas antes mencionados, los países forestalmente más avanzados trabajan en técnicas de micropropagación como el cultivo in vitro mediante las cuales se reproducen las plantas a partir de pequeñas porciones de tejidos, órganos o células vegetales, en condiciones asépticas y controladas.  

Estos nuevos desarrollos en regiones como las mencionadas de Castilla-León, Galicia y País Vaso  en las que existen modernos centros tecnológicos y hay una red de viveros forestales, tienen capacidad de convertirse en polos innovadores y generar atractivos bionegocios para abastecer de materiales de reproducción a los propietarios forestales, abriendo la posibilidad de nuevos empleos de alta cualificación y sin duda para hacer viable la recuperación de nuestros pinares, contribuyendo a hacer realidad el sueño de la descarbonización.  

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