Pau Grifoll

Arborista y CEO de Pauchamama.arb

¿Cómo los árboles pueden transmitirte años y años de conocimiento? Como un libro donde cada página nos desvela un mundo entero. O como los abuelos que, sin hablar, solo con estar y observarlos a ellos y a su entorno pueden transmitirte tradiciones ancestrales. Y no por lo que hayan dicho o hecho; es su energía.  

Solo cuando estás dispuesto a verlos puedes adquirir sus ofrendas. Una de las primeras que tuve por parte de los árboles fue a través de mi frustración, y de sentirme un ser tan pequeño a su lado que muchas veces me llevó a cuestionarme qué sentido tenía hacer este trabajo. Un golpe de realidad. Quién me daba a mí el poder para creerme capaz de actuar con un ser con tanta memoria, con tanto tiempo. Y este fue el concepto más importante que aprendí desde que empecé a trabajar con ellos, el tiempo.  

¿El tiempo tiene el mismo significado para el ser humano, la naturaleza o el universo? Los humanos inventamos el concepto tiempo, calculando con segundos, minutos, horas, días, semanas, años… ¿Cuál era la necesidad? ¿El control del momento, de la vida, de la sociedad, la desconexión de lo natural, la diferenciación de lo natural? Solo cuando eres capaz de perder el tiempo observando la naturaleza entiendes el verdadero concepto.  

La naturaleza entiende de procesos, no tiene prisa, va a su ritmo, no necesita control. Tampoco necesita de nuestra ayuda, no nos creamos a aquellos que nos dicen “podamos el árbol para ayudarlo”. Nosotros necesitamos de la suya, y por eso actuamos, para tener una convivencia con nuestras necesidades humanas. Y para tener unos beneficios que al final nos llevan a eso, a tener la sensación de que el tiempo se para.  

En la arboricultura podemos hacer una actuación, que creemos que es la correcta, y no ver los resultados nunca, ya que el árbol tiene su proceso. Y quizás no habrá pasado el tiempo suficiente para el árbol para procesarlo y corroborarlo. En mi opinión, nuestro trabajo, se basa en hipótesis. Creemos saber el trabajo que podemos hacer con el árbol pretendiendo que tenga una reacción “x”, pero esto solo está en nuestra imaginación, no podemos concebir el árbol como una ciencia exacta.

Evidentemente hay un amplio conocimiento detrás que hará que esta hipótesis tenga más o menos peso, además de una profunda observación para poder integrar este conocimiento. Pero lo peor, o mejor cuando ves el aprendizaje, es que hagas lo que hagas, quizás no vas a poder ver el resultado, ya que el tiempo, el concepto tiempo, es humano, pero no natural. Me frustraba esto, la idea de vender que puedo hacer un buen trabajo, pero que podría equivocarme y no llegar a saberlo. E incluso así, los árboles te sorprenden y no se bajan de la vida tan rápido, es increíble su resiliencia, su capacidad de vivir y dar vida, y al mismo tiempo su desapego.  

Es una conexión profunda, cuando hay que avanzar a la vida se dejan morir partes de su ser, o ellos mismos, para dar espacio a nuevas vidas. Entienden la mítica frase de “qué es la muerte sino vida”. Para ellos no hay concepción de muerte sin vida, porque al final lo único que se muere es el cuerpo de uno, y este mismo, en su momento de muerte, es vida para muchos otros organismos. Entendiendo esto, el tiempo es distinto, no va por horas, días, años… va con el sol, con lluvias, con la luna, con las estaciones, y va por procesos de vida. La concepción del tiempo no será lo mismo para un árbol joven que para uno maduro o senescente. Y la resiliencia no será un apego a la vida, sino a la conexión con la vida.  

¿Aún crees que hablamos solo de árboles y de arboricultura?  

Mientras lees esto el reloj corre, y como si en vez de sangre corriera, la angustia anda por las venas, tu cuerpo no deja de moverse, pensar cuanto tiempo ha pasado desde que está quieto, respira rápido, quiere coger el móvil, pero tú lo evitas, sabes que el parar sienta bien, pero ahoga. Respira. Te faltan árboles.  

Sal, acércate al árbol más grande que tengas cerca, siéntate a sus pies, poniendo tu espalda en contacto con su corteza. Cierra los ojos. Esto es el tiempo, no pasa, no existe, es proceso, no engulle a nadie, es de todos y está con todos. Y lo más jodido, no se puede controlar. Este es el aprendizaje que el árbol te da.  

Los árboles aceptan qué partes de su ser deben morir, pero no con tristeza, sino con el conocimiento de que sin esta muerte no habría vida.  

Solo se descomponen para componer otras formas. 

¡Muchas gracias por suscribirte!

Hay algo para ti en tu bandeja de entrada 😉  

(Si no lo encuentras, entra en la carpeta de Spam o No deseados. A veces van a parar ahí). 

¡No te pierdas lo último
en el sector forestal!

Suscríbete a nuestra newsletter y recibe en tu bandeja de entrada novedades exclusivas para profesionales como tú.